Árboles de Sri Lanka

 

Varios ejemplares de "Terminalia Arjuna", un árbol endémico del Sur de la India, en las extensiones del hotel 


El árbol "Terminalia arena"


"Terminalia arjuna" es un árbol perteneciente a la familia "Combretaceae". Alcanza un tamaño de unos 20 a 25 metros de altura.  Tiene un tronco reforzado en la parte inferior y forma un gran dosel en la corona del que las ramas caen hacia abajo. Tiene hojas cónicas alargadas que son verdes en la parte superior y marrón por debajo; la corteza es lisa, de color gris.  flores de color amarillo pálido que aparecen entre marzo y junio echa unas flores de color amarillo y entre septiembre y noviembre echa un fruto llamado glabra, leñosa de 2,5 a 5 cm fibrosa, dividida en cinco alas.

Este árbol tiene usos medicinales y de producción de seda ya que sus hojas son el alimento de la polilla Antheraea paphia que produce la seda tassar (tussah), una seda salvaje muy comercial para la manufacturación textil. Sus propiedades medicinales se refieren a experimentos con ratones que han demostrado las propiedades analgésicas y antiinflamatorias de sus hojas y para tratamientos ayurvédicos de enfermedades cardíacas o su uso tópico para la sanación de heridas o úlceras.


JC junto a un enorme tronco "Arjuna".


Mónica, Paloma y Elena posan junto a un hermoso ejemplar arbóreo en el 



Visitando un templo hinduista en Colombo

 

Paloma y JC en la entrada del templo hindú Kailasanathar Swamy Devasthanam, en Colombo.


Visitando el templo hinduista Sri Kailasanathar Swamy Devasthanam

En nuestro último día en Colombo aprovechamos las primeras horas de la mañana para pasear por el barrio de Pettah y, de paso, conocer uno de los templos hinduistas más antiguo y bello de la capital, el Kailasanathar Swamy Desvasthanam Temple, que estaba a las afueras del barrio y muy cerca de la estación de tren.

Los templos hinduistas se caracterizan por sus altas torres (2 o 3 que hacen de entrada al templo) y que reciben el nombre de "gopurams" o puertas ceremoniales. en forma cónica y adornadas con miles de esculturas pintadas de vivos colores que representan  las distintas divinidades hindúes. Antes de entrar hay que descalzarse al igual que en los templos budistas, pero no es necesario que las mujeres usen una vestimenta especial o lleven velo. Nos cobraron la entrada normal y otra especial (500 rupias) que nos autorizaba a grabar video o tomar fotografías.

Este templo, también llamado por sus devotos Kapikaawatha Shivan, es el templo hindú más antiguo y uno de los más bellos de Colombo. Dedicado a los dioses Ganesha y Shiva, el templo existe desde hace más de dos siglos. 


Mónica y Elena en el interior del templo hinduista con sus paredes y columnas pintadas con vivos colores.


Devotos asistentes a la ceremonia celebrada en el templo hinduista Kailasanathar Swamy Devasthanam.

Una ceremonia religiosa como tributo a las deidades

Tuvimos la gran suerte de que cuando llegamos había dado comienzo una "poya" que es el nombre con el que se designan las ceremonias religiosas realizadas como tributo a los deidades. Hombres y mujeres de todas las edades, también niñas, estaban sentados en el suelo y vestidos, ellas con vistosas telas y la mayoría de ellos con el torso desnudo y de cintura para abajo también con telas multicolores, rodeando a la figura principal que estaba sentada en el centro: el sacerdote brahmán. Este sacerdote es quien dirige la ceremonia y los cánticos y quien se encarga de repartir entre los devotos flores, agua de almibárales o les unge la frente con ceniza o tinte rojo y también de recibir los frutos que traen los devotos como ofrenda. Al mismo tiempo el humo y el olor del incienso quemado crean un ambiente muy espiritual realzado con el acompañamiento del sonido de los tambores y la recitación de los Vedas (las escrituras más antiguas del hinduismo). Ni nuestra presencia alteraba  todo este llamativo ritual.

Hoy en día, Kailasanathar Swami Devasthanum es uno de los templos más populares de Colombo, con sus devotos por decenas de miles.


El sacerdote brahman, sentado en el centro, recibe las ofrendas de los devotos mientras quema incienso.



Un hombre devoto reza en un pequeño altar de uno de los varios santuarios que hay en el interior del templo hinduista.


Hombres  con el torso desnudo y una mujer y una niña con coloridos vestidos escuchan, sentados en el suelo,
os cánticos Vedas en la ceremonia del templo hindu que visitamos en Colombo.


Selfie de los 4 delante de las dos torres (Gopurams) del templo hinduista de Colombo.




Ciudad vieja de Galle y pescadores en Weligama

 

Pescadores en Weligama preparan los pilares de madera para pescar desde lo alto.

Los "pescadores zancudos"

Una de las imágenes más icónicas de Sri Lanka ha sido la de los pescadores subidos a los palos de madera para pescar. En nuestro desplazamiento por la costa al Fuerte de Galle hicimos una breve parada cerca del pueblo pesquero de Weligama para conocer este tradicional sistema de pesca. Allí nos acercamos a la playa de arena donde se encontraba cerca de la orilla un pequeño grupo de pescadores encaramados a unos pilotes de madera. Sentados en un palo travesaño, los pescadores mantenían el equilibrio para poder pescar. Tras hacer las fotos uno de ellos se nos acercó para que le diéramos unas rupias.


Los cuatro posando en la playa de Weligama, al fondo los pescadores zancudos sobre pilotes de madera.


Este sistema de pesca no es muy antiguo, data de la Segunda Guerra Mundial, cuando escaseaban los alimentos. Aunque sigue vigente, también es un método para ganar algunas rupias, ya que frecuentemente cobran a los turistas por posar en las fotografías.


Los cuatro en una de las fortificaciones del Fuerte de Galle, con el baluarte blanco de Point Utrecht al fondo.


Galle Patrimonio de la Humanidad

Galle es la ciudad más importante de la costa sur de Sri Lanka. Durante siglos fue un importante puerto marítimo donde recalaban comerciantes, navegantes y exploradores. Fueron los portugueses los primeros que se instalaron aquí en 1589, construyendo un fuerte en el promontorio. En 1640 los holandeses tomaron el puerto y ampliaron las fortificaciones. En su interior el Fuerte acogía a numerosas familias, además de la residencia del comandante, edificios administrativos, un arsenal, un polvorín y varios almacenes. En 1796, Galle se entregó a los británicos que también hicieron modificaciones.


La Torre del reloj fue construida por los ingleses en 1882.


Entre los sitios más referentes del Fuerte de Galle hay destacar la Torre del reloj que se construyó en 1882 en el mismo lugar donde antes había un campanario holandés. Toda la arquitectura de la fortificación siguió los modelos europeos adaptados a los condiciones geológicas, climáticas y culturales de la isla. Se terminó de construir en 1789 y ha permanecido hasta hoy sin apenas cambios. En la construcción de las murallas se utilizó coral y granito. Estas cualidades y el grosor de los muros interiores y exteriores evitó que la fuerza del tsunami de 2004 dañara la estructura de esta fortaleza. 


Ishan muestra al grupo las características más destacadas del Fuerte de Galle ayudado por una detallada maqueta de hierro expuesta en el interior de la fortificación.


La Ciudad vieja de Galle y sus fortificaciones fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988 por su importancia en la historia de la humanidad. Constituye el mejor ejemplo de ciudad fortificada construida por los europeos en Asia meridional y sudoriental.


Una de las puertas principales de acceso al Fuerte de Galle.


Una calle de Galle transitada por turistas y tuc-tucs. Al fondo uno de los baluartes con el faro de 1938.


Puesto callejero de venta de bebidas y agua de coco junto a las murallas del Fuerte Galle.



Antes de llegar a Yala hicimos una parada para comer en el restaurante de un hotel
en Tissamaharama, ya muy cerca del P.N. Yala.


Parque Nacional de Minneriya


Fran, Miguel Angel, Laura, Carolina, Alberto y Andrés en el 4x4 observando un grupo de elefantes en el P.N. de Minneriya.

 Sri Lanka tiene reconocidos siete parques nacionales repartidos por toda la isla. Se trata de un valioso ecosistema de junglas donde viven los más de tres mil elefantes que aún quedan en libertad. Nosotros visitamos dos de estos parques el Parque Naciona de Yala y el Parque Nacional de Minneriya.

 

Parque Nacional de Minneriya

El Parque Nacional de Minneriya lo visitamos ya casi al final de nuestro viaje estando en Polonnaruwa-Habarana una zona interior de Sri Lanka que forma parte del Triángulo Cultural. Con una extensión de 8.900 hectáreas, el P.N. de Minneriya fue declarado zona protegida para preservar el área de influencia del gran Embalse Minneriya, un pantano artificial que construyeron los monarcas cingaleses  en la Edad Media para facilitar el riego de las cosechas.


Una pareja de elefantes comiendo pasto en el P.N. Minneriya.


En este parque hay unos 150 elefantes y 25 reptiles, además de variedad de aves, mariposas y anfibios. En un momento de nuestro safari en 4x4 por el P. N. de Minneriya nos llevamos un buen susto cuando, de repente, uno de los elefantes que estábamos observando se separó del grupo y se dirigió directamente a nosotros emitiendo un tremendo barrito. Finalmente, se cruzó al otro lado de la carretera y la cosa quedó en eso, un susto.


Minneriya. Elena, Jesús e Inma, imitando a los elefantes una vez pasado el susto de una fallida embestida de elefante.


Paloma y Mónica en el P. N. de Minneriya.


Las maravillas de Ella y alrededores


Ishan y parte del grupo frente al conjunto esculpido en roca de las siete estatuas del templo de Buduruwagala.


En nuestro circuito por Sri Lanka dejamos al sur el Parque Nacional de Yala y nos dirigimos a Ella, una pequeña ciudad al norte que es paso obligado para acceder al triángulo cultural que conforman las ciudades sagradas de Kandy, Dambulla y Polonnaruwa. Se trata de una ruta donde el paisaje empieza a ser más verde y frondoso, también se ven algunos lagos artificiales y se divisan a lo lejos las colinas de la cordillera central. Es una ruta llena de pequeñas sorpresas que merecen una parada para contemplarlas y fotografiar, como el templo de Buduruwagala, las cascadas de Ravana, el Puente de los Nueve Arcos  o la subida a uno de los picos de la región como la que hicimos al Pequeño Pico de Adán.


Buda central y uno de los dos tríos de relieves en piedra que lo flanquean en el templo de Buduruwagala, a 37 kms de Ella.


Templo de Buduruwagala

Nuestra primera parada fue en un templo budista escondido en un frondoso bosque. Leo en mi guía de turismo que Buduruwagala es un lugar poco visitado por los turistas extranjeros y, efectivamente, cuando llegamos a primera hora de la mañana tan solo había dos o tres parejas en el lugar. Sin embargo una vez que llegas te alegras de haber estado ahí y disfrutar del monumental conjunto escultórico esculpido en la roca.


Paloma frente al trio esculpido en la roca que representa en el centro a Avalokitesvara con la pintura naranja alrededor de su cabeza en el templo de Buduruwagala.


El templo de Buduruwagala data del siglo X y lo forman un gran Buda de pie que mide 16 metros de alto, en el centro, flanqueado a los lados por dos tríos de relieves, uno a la derecha cuya figura central representa a Maitreya (el quinto y futuro Buda) y otro a la izquierda representando a Avalokitesvara (El cobodhisattva de la compasión en el budismo Mahayana) que aún conserva la pintura naranja alrededor de su cabeza. Como es costumbre en estos sitios sagrados, nos quitamos las gorras y los zapatos antes de acercarnos al templo y siempre evitando dar la espalda a Buda al marcharnos. De cerca la grandeza de las esculturas nos pareció aún más impresionante.


Elena junto al trio de figuras a la derecha del buda de Buduruwagala.

Los 4 posando junto a las cascadas de Ravana.

Cascadas de Ravana y Pequeño Adams Peak

Otra pequeña parada fue para contemplar las cascadas de Ravana que caían casi al borde de la carretera y que en ese momento estaban muy concurridas. Ishan nos contó que cerca de aquí se encuentra la pequeña cueva de Ravana, llamada así por el dios Ravana que tuvo cautiva a la diosa hindú Sita en este lugar.


Mónica y Elena en la cima del Little Adam's Peak, desde donde se podía disfrutar de unas magníficas panorámicas.
Al fondo se puede ver el Pico de Adán, la quinta cima más alta de Sri Lanka.


Cuando a media mañana llegamos a nuestro destino, Ella, paramos en la recepción del hotel en el que nos íbamos a alojar para dejar las maletas y emprender seguidamente la excursión que teníamos prevista al Little Adam's Peak. Fue una subida agradable y sin mucho esfuerzo. Al llegar a la cima disfrutamos de las impresionantes panorámicas en 360º. Desde aquí se podía contemplar por un lado el otro Pico de Adán (2.243 m de altitud) que es la quinta cima más alta de Sri Lanka, y por otro las casitas del hotel donde nos íbamos a alojar inmersas en la frondosa vegetación. Por supuesto no resistimos la tentación de hacernos miles de fotos mientras nos tomábamos un refrigerio de agua de coco.


En esta foto, hecha desde la cima del Little Adam's Peak, se pueden ver al fondo las casitas del complejo hotelero
"98 Acress Resort & Spa" en las que nos alojamos en Ella.


Los 4 con el Puente de los Nueve Arcos (s. XIX) a nuestra espalda.


Puente de los Nueve Arcos

En 1864, durante la dominación británica, se inauguró el primer trayecto ferroviario en Sri Lanka, desde Colombo a Ambepussa. Unos años más tarde se hizo la ampliación de la línea férrea hasta el Norte de Ella, y para ello se construyó el Puente de los Nueve Arcos que constituyó una importante obra de ingeniería en aquel momento. El puente fue construido con bloques de piedra y cemento sin refuerzos de hierro ni hormigón. Sus dimensiones de 91 metros de largo, 8 de ancho y 24 de alto impresionan sobre todo por el hecho de no contar con un cuerpo interior de hierro que soporte el peso del mismo.


Mónica posando junto a las vías del tren cerca del Puente de los Nueve Arcos.


Un cartel a las afueras de Ella publicitando el Puente de los Nueve Arcos.


Andrés, Jesús y Alberto, seguidos por todo el grupo, caminan por las vías del tren en dirección al Puente de los Nueve Arcos.


Como el puente está a unos kilómetros de Ella nos llevaron en tuk-tuk  hasta un sitio cercano donde nos apeamos para bajar una pendiente que nos llevó hasta las mismas vías del tren. Tuvimos la suerte de que en ese momento pasaba uno y pudimos verlo atravesar el puente, una de las estampas más icónicas del turismo ceilandés. Luego, caminando unos metros por los railes llegamos al puente y lo pudimos ver de cerca. Al día siguiente lo cruzamos pero esta vez ya montados en el tren para hacer el trayecto en ferrocarril desde la estación de Ella a la estación de Nanu Olla, cerca de Peradeniya, donde visitaríamos las extensas plantaciones de te.


El grupo esperando a hacer el checking en la recepción del hotel "98 Acress Resort & Spa".


Paloma junto a la estancia del hotel "98 Acress Resort" donde nos alojamos.

Ella

Ella es una pequeña ciudad cerca de Badulla, la capital de la provincia de Uva. Cuando llegamos estaba bastante animada, con mucha circulación de coches, motos y tuc-tucs, sitios donde comer o tomar alguna bebida y tiendas de todo tipo. Aquí comimos en el "Ella Cafe", uno de los muchos restaurantes que hay en los alrededores de su calle principal, después de nuestra subida al Little Adam's Peak. Nos alojamos en el "98 Acress Resort", un lujoso hotel de casitas de dos pisos a pocos kilómetros de la ciudad rodeado de una espesa vegetación y con preciosas vistas a las colinas. Desde nuestra habitación podíamos contemplar un selvático paisaje con el Pequeño Pico de Adán al fondo. 


Mónica y Elena se hacen una selfie paseando por la calle principal de Ella.

Después de comer, Mónica y Elena se dieron un paseo por la ciudad y Paloma y yo nos fuimos con parte del grupo al hotel para recoger las maletas y darnos un baño en la coqueta piscina del recinto.



Paloma en la terraza de la habitación del hotel con el Pequeño Pico de Adán al fondo y una romántica puesta de sol.




El Templo del Diente Sagrado (Sri Dalada Maligawa) en Kandy


Santuario principal del templo del Diente, o Sri Dalada Maligawa. Detrás de las puertas de enfrente se encuentra la reliquia budista más importante de Sri Lanka: el diente de Buda. Grandes colmillos de elefante flanquean el acceso al relicario dorado.


El Templo del Diente Sagrado o de Buda, también llamado Sri Dalada Maligawa, se encuentra en la ciudad de Kandy, en la orilla norte del lago que hay en el centro de la ciudad. Se trata de una edificación de tonos blanco-rosados del siglo XVIII que, en principio, no llama mucho la atención pues podría pasar por cualquier edificio europeo de estilo clásico, con sus torretas y sus muros arqueados. Más tarde se le añadió un edificio de planta octogonal, bien visible desde el exterior, que ahora es una biblioteca donde se guardan manuscritos antiguos, y un foso. Como su propio nombre indica, este templo guarda la reliquia religiosa más importante de Sri Lanka: el diente de Buda. El templo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988.

 

Entrada al Templo del Diente Sagrado. Las medidas de seguridad son extremas desde que el templo sufrió un atentado con bomba en 1998 perpetrado por el grupo terrorista tamil LTTE (Tigres de Liberación del Eslam Tamil).


El diente de Buda

Cuenta la leyenda que alguien rescató un diente de Buda en la misma pila funeraria del Maestro en el norte de la India hacia el año 483 a.C. y la reliquia se llevó a Sri Lanka hacia el siglo IV de nuestra era escondida en los cabellos de una princesa. El diente se custodió primero en Anuradhapura y a lo largo de los siglos pasó por distintas localizaciones en la isla hasta que en el siglo XIII el ejercito invasor indio se lo llevó. En el siglo XIV el rey cingalés Polonnaruwa Parakkamabahu III lo rescató nuevamente para Ceylán.


El templo del diente de Buda siempre está lleno de peregrinos que acuden al lugar para rezar y dejar sus ofrendas.
Para los budistas cingaleses es fundamental cumplir al menos una peregrinación a este templo durante su vida.

El santuario principal

El diente se conserva actualmente dentro de una urna de oro en forma de pequeña estupa en la capilla principal del edificio llamada Vahahitina Laligawa, custodiado por guardias tamborileros con el torso desnudo y turbante blanco, y por seis colmillos de elefante, tres a cada lado. Cuando estuvimos nosotros la dos pequeñas puertas de madera de la capilla se estaban cerrando y no pudimos ver el relicario. Había muchos feligreses rezando y haciendo ofrendas en el templo. Es fundamental para los budistas de Sri Lanka hacer una peregrinación al templo del Diente Sagrado, al menos, una vez en su vida.


En la capilla Alut Maligawa se exhibe una colección de Budas de bronce y diversas pinturas con escenas
que narran la historia de la reliquia y cómo llegó a Kandy.


Alut Maligawa

Luego Ishan nos llevó a otro lado del edificio. Subimos unas escaleras y entramos en el Alut Maligawa, otra capilla rectangular bastante grande adornada con una serie de estatuas de Buda, algunas de ellas como obsequio de otros países, y pinturas que narran las historia de la reliquia.


Una de las pinturas que adornan las paredes laterales de la capilla Alut Maligawa.


Panorámica de la capilla Alut Maligawa profusamente adornada con esculturas de budas y las pinturas sobre la historia del diente de Buda y cómo llegó a Kandy. En primer plano se ve a Ishan con el grupo de viaje.

Las pinturas, que narran la historia de la reliquia del diente y cómo llegó a Kandy, nos las fue explicando Ishan detalladamente una a una.


Ishan explicando al grupo los detalles de la capilla Alut Maligawa del templo del Diente en Kandy.


Parte del grupo en el Museo Raja Tusker, observando los restos disecados de Raja, el elefante que durante 50 años
transportó la urna con la reliquia sagrada en el Esala Perahera, y que murió en 1988.


Museo Raja Tusker

Antes de salir del edificio pasamos por el curioso Museo Raja Tusker, dedicado a un famoso elefante. El pequeño museo guarda el cuerpo disecado de Raja, el elefante que durante 50 años transportó la urna con la reliquia del diente sagrado en el Esala Perahera (Festival que cada año se celebra en Kandy durante 10 días en honor a la reliquia, desde el siglo XVIII y antes, y en el que desfilan más de 100 elefantes). El elefante Raja cumplió su función hasta su muerte en 1988. Sus restos disecados son los que se exponen aquí.


Elena delante de la Sala de audiencias, pabellón que fue utilizado por los reyes de Kandy para sus audiencias. Aquí se
firmó en 1815 el tratado que puso fin a la soberanía del reino de Kandy y que cedió el poder a los británicos.


Sala de Audiencias

A la salida ya era de noche y  pasamos por la Sala de Audiencias, un hermoso pabellón al aire libre con cerca de 180 columnas de madera laboriosamente decoradas. En esta Sala los reyes de Kandy celebraban las audiencias. También aquí fue donde se celebró el acto de cesión  del poder del reino de Kandy a los británicos en 1815.

Detalle de las columnas de madera de la Sala de
audiencias.


Vista de la Sala de audiencias, junto al templo del Diente Sagrado, al atardecer (Kandy).


Paseamos un rato por los jardines que rodean el lago contemplando el edificio y el paseo profusamente iluminado por miles de bombillas pues era domingo y coincidió con la fiesta anual del día de Buda.

Patrimonio de la Humanidad en 1988

En 1988 la UNESCO declaró la ciudad sagrada de Kandy, incluyendo el templo del Diente de Buda (Dalada Maligawa), Patrimonio de la Humanidad siguiendo los criterios de "Importancia en la historia de la humanidad, su relación con acontecimientos materiales y/o  intelectuales de importancia universal".

Procesión por las calles de Kandy en el día de Buda.


Un elefante ricamente adornado desfilando por las calles de Kandy en una procesión que nos sorprendió durante nuestra visita.

La sorpresa de ver una procesión al estilo Esala Perahera

Coincidió que a nuestra llegada a Kandy, esa tarde, se estaba celebrando una procesión por el centro de la ciudad, junto al lago, como si celebraran el festival anual de Esala Perahera, en el que se lleva en procesión por las calles de la ciudad el cofre que contiene la reliquia sagrada. Pero no era esto puesto que el festival se hace entre julio y agosto. No obstante la procesión que vimos era muy vistosa, con gran número de artistas, bailarines, músicos y participantes con trajes regionales y, por supuesto elefantes muy engalanados con atuendos coloridos y brillantes. 


Bailarines con trajes tradicionales en la procesión que vimos por las calles de Kandy.

Paloma y Elena en la recepción del hotel Cinnamon Citadel de Kandy junto a un cartel publicitario donde se puede ver la situación del establecimiento a orillas del río Mahaweli.

Nuestro hotel en Kandy

En la ciudad sagrada de Kandy estuvimos alojados en el hotel Cinnamon Citadel que estaba en las orillas del río más largo e importante de Sri Lanka, el Mahaweli.


Paloma asomada a la terraza de la habitación del hotel Cinnamon Citadel en Kandy.


Otras fotos del sitio y alrededores:


Unos fieles encienden lámparas de aceite de coco en un pasillo a las afueras del templo budista del Diente.
Se trata de un ritual budista importante.


Detalle de un frente del Alut Maligawa con los budas de bronce obsequiados por otros países al templo.


Otra de las pinturas de la capilla Alut Maligawa donde se muestra la entrega del diente de Buda a la ciudad de Kandy.


Escaleras de acceso a las plantas superiores del templo del diente de Kandy. 


Un monje en la capilla Alut Maligawa.


Vista nocturna del Palacio Real, actual residencia presidencial.


Exterior del templo del Diente con la torre octogonal iluminado festivamente durante la noche.

Elefantes engalanados con vestimentas moradas participando en una procesión en Kandy.


Elena y Paloma vueltas de espaldas y Laura de pie, esperando a que empiece el espectáculo de danzas cingalesas al que nos invitó Ishan en un teatro de Kandy.


Un trio de tamborileros ataviados con el traje tradicional, que incluye un pareo, una faja roja y un turbante blanco,
tocan los tambores (dowlas y geta beras), en el teatro en en el que estuvimos en Kandy.


Bailarines con vistosas máscaras danzan al ritmo de los tamborileros en el espectáculo que vimos en un teatro de Kandy.


Bailarines ataviados con vestimenta regional dirigiéndose al teatro al que fuimos nosotros y donde les vimos
en un espectáculo de danzas cingalesas al que nos invitó Ishan.


Devotos cingaleses hacen cola para hacer ofrendas en un templo de Kandy.